Mi exigencia

 

Mi exigencia es una de mis grandes enemigas. Todo mi ser está cansado de esta bestia de la que me siento víctima. 
La siento activa dentro de mí cuando me pongo objetivos inalcanzables, tanto en el día a día como en la vida, cuando no me siento satisfecha conmigo misma si no he cumplido estos objetivos, cuando en mi cabeza utilizo demasiado a menudo la expresión «tengo que”, cuando me juzgo internamente por no ser suficiente o por no ser diferente, cuando me doy cuenta que inconscientemente lo que más disfruto queda relegado a cuando haya terminado todas las obligaciones, cuando mido mi calidad humana por mis esfuerzos, objetivos conseguidos o dificultades superadas, como si estos me hicieran más digna de ser. 
En el cuerpo, la siento como una coraza, como una rigidez o intensidad muscular, que me hace utilizar una energía desproporcionada por cada acción que realizo. En la mente la identifico como una iteración que no me permite estar en el cuerpo ni en el presente, porque siempre se ocupa de lo que habrá que hacer después. Emocionalmente percibo la ansiedad y la insatisfacción en las que me lleva.  
¿Y me pregunto … como llegué a la conclusión de que para estar satisfecha debía llevar mi cuerpo hasta el límite de la extenuación?  
Seguramente en el plano personal nace de una fantasía de perfección, de un anhelo de ser amada y querida por todos y en todo momento. Y soy consciente de que, en esta necesidad de complacer a fuera, dentro de mí me pierdo. Y si necesito tanto esta buena mirada del exterior, ¿es que no me siento bien mirada por mí misma?  ¿no me amo suficiente? ¿no me permito ser quien yo quiero ser? 
También siento que hay un componente de la exigencia que es más extenso que el yo, que está incrustado en el sistema del que formo parte, heredero fiel y ciego de la tradición judeocristiana, en la que lo que dignificaba era el esfuerzo y el sufrimiento para conseguir un cielo quimérico, y en la que disfrutar era un pecado (sobre todo si la que disfrutaba era la mujer). 
Priorizando los deberes, las necesidades de los demás, las obligaciones, las ocupaciones, las distracciones… ¿cuánto tiempo nos queda para no hacer, para disfrutar, para el placer, para los “quiero”, para los “deseo”, para la contemplación?  
Donde hay excesiva exigencia es difícil que crezca la autoestima. Porque la parte exigente nunca tiene suficiente … siempre podría ser mejor, siempre podría estar mejor acabado, siempre podría haber hecho más … y entonces lo que sí ha sido hecho, sentido, vivido pierde su valor.El bienestar personal está directamente relacionado con el nivel de auto exigencia. Como si fueran vasos comunicantes cuando hay mucha exigencia … baja la satisfacción y la buena vida. 
También me he dado cuenta que mi exigencia no sólo me afecta a mí, sino que también se despliega a mi alrededor. Exigiendo a los demás que sean o hagan según mis expectativas (aunque sea de manera inconsciente), exigiendo a la vida. Soy humana, llego hasta donde puedo y reconozco que no puedo con todo. Simplemente SOY. ¡Exigencia mía… te suelto!  
 Quiero compartir aquí un ejercicio muy sencillo y al mismo tiempo muy liberador, extraído del libro «Ser mujer, un viaje heroico» de Maureen Murdock. En el capítulo titulado «El mito de no ser nunca suficiente» la autora propone un ejercicio sencillo para silenciar la tiranía de la auto exigencia y entrenarnos en el arte de la satisfacción: “Se divide una hoja de papel en tres columnas; en la primera, se escribe cualquier cosa que se haya hecho hoy, como, por ejemplo, -estuve arrancando las hierbas del jardín-; en la siguiente se escribe -estoy satisfecha-, y en la tercera, -y esto es suficiente! – Tal vez suene un poco simple, pero tras hacer este ejercicio durante un mes aproximadamente, se olvida una de haber sido alguna vez «insuficiente».”   
Y tú… ¿eres consciente de tu nivel de exigencia? ¿como la vives? ¿Te permite disfrutar de la vida? ¿O bien es una parte de ti que te dice que cuando lo hayas conseguido todo ya harás lo que te apetece? ¿Sientes que te es más fácil sostener la exigencia que el placer?